Es fácil apreciar cómo la naturaleza cambia según donde estés. El paisaje de la ciudad es distinto al de la montaña, los desiertos de Almería contrastan con los bosques de Galicia. El clima, la tecnología y la sociedad provocan que unas plantas no puedan vivir en determinados lugares, sino solo donde encuentran recursos para su supervivencia. Esto parece evidente, pero además de esto parece que el arte, el diseño y la estética son también capaces de hacer que las plantas cambien de forma.

A comienzos del siglo XX un movimiento artístico se cuestionó si el universo entero debía amoldarse a los avances tecnológicos y a la industrialización. El antiguo y poco controlable paisaje natural parecía estar fuera de lugar en el mundo moderno. Había llegado el Futurismo.

«Nosotros, los futuristas, adoramos las centrales eléctricas, las estaciones ferroviarias, los hangares, los acorazados, los gigantescos transatlánticos, las fábricas en su diabólica agitación productiva, los multiplanos voladores y los lujosos trenes bala. A semejanza de estas maravillas reconstruiremos el universo: Motocicletas-Vacas, Caballos-Bicicletas de acero, Soles artificiales, Árboles coloreados de cemento y metal; Flora mecánica sorpresiva – Nubes publicitarias domadas mediante registros exactos – Tormentas teatrales en el espacio».
Fortunato Depero, Una geniale rassegna di idee di Depero (una genial revisión de las ideas de Depero), 1926.

En marzo de 1915 publicaron el manifiesto Ricostruzione futurista dell’universo (reconstrucción futurista del universo), firmado por Giacomo Balla y Fortunato Depero. En él, ambos autores, proponían romper definitivamente con el naturalismo para llevar el Futurismo a todos los ámbitos de la realidad cotidiana. En lugar de representar la naturaleza de forma realista y objetiva, se buscaba mejorar estéticamente sus formas. La nueva ciudad futurista no solo sería un alarde de modernidad, dinamismo y colores brillantes, sino que suponía una reconstrucción del paisaje. Lo biológico daría paso a la máquina.

En Il Giardino di Balla (el jardín de Balla) nos proponía una serie de diseños para la nueva flora del mundo moderno. Los árboles no ensuciaban las calles con sus hojas en otoño. Las flores poseerían colores brillantes y aromas artificiales que siempre perduraban, ¡incluso en invierno!  El plástico, la madera y el acero sustituía al débil tallo. Sus formas serían regulares y simétricas, gracias a que sus ramas no necesitaban competir por la luz del sol.

Giacomo Balla, Il Giardino Futurista (el jardín futurista), 1916-1930 reconstrucción en la galería Nordenhake en 2003.

 

Giacomo Balla, Il Giardino Futurista (el jardín futurista), 1916-1930 reconstrucción en la galería Nordenhake 2003.

En ¡La leche! hemos querido proponerte un reto con el sexto número de nuestra revista: nuestro encarte posee piezas recortables para montar tres plantas, pero además suponen una orientación de cómo se diseñan estos jardines futuristas. Basándonos en los principios de estabilidad, simetría y conexión entre piezas queremos invitarte a que crees tus propias plantas:

Puedes inspirarte en la propia naturaleza y combinar distintas formas para crear una planta totalmente nueva. Las hojas de una palmera pueden simplificarse así:

 

Un imbondeiro, un cáctus, un nogal,… imagina cómo debería ser la naturaleza de tu entorno y, si quieres, envíanos una foto de tus creaciones a buzon@revistalaleche.com poniendo tu nombre y una breve explicación de cómo te imaginas cambiar el paisaje del mundo.

 
¿Te gustaría ver algunas plantillas de plantas futuristas?Descargar
 

 

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