Es muy raro que una historia no tenga personajes y es aún más raro conseguir una buena historia sin tener un buen personaje que nos anime a seguirlo y a querer saber más sobre él.
A veces descubres sucesos que te dejan con la boca abierta, como que el Pasemisí, un juego con el que disfrutabas desde pequeño, se conoce por todo el mundo desde hace años y años y, lo más asombroso, en sus inicios fue un ritual de sacrificios. Entonces entran unas ganas gigantes de compartir ese hallazgo y empiezas a pensar en los lugares donde se llevaban a cabo, en quiénes lo sufrieron. ¡Tienes una historia!. Desde Grecia hasta los pueblos aztecas, desde Japón hasta España. Entre tantos posibles protagonistas, ¿a cuáles te gustaría representar? ¿con cuáles te quedarás?

Un personaje tiene una parte visible que tiene que ver con lo físico y que le harán reconocible: su tamaño, la forma, el color… y otra invisible que es su mundo interior. Al igual que en el mundo real, en el de la ficción la forma de ser de una personaje se refleja en lo que ves y ayuda a descubrir detalles y secretos. Si tiene los ojos y la boca hacia abajo, muy feliz no está y si corre mirando hacia atrás, algo le atemoriza. ¿Grita con la boca abierta? Entonces es pavor, ¡los de atrás se quedarán!

Para poderle identificar y que se distinga de otros, ayuda mucho que tenga rasgos que destaquen. ¿Un abrigo de pelo? ¿un kimono? ¿un moño? ¿un tricornio? ¿una corona?…

Hay preguntas importantes para conocer a nuestro personaje. La primera, ¿qué es? o ¿quién es?. ¿Es humano?, ¿animal?, ¿objeto?, ¡¿alien?!

Sigamos con la segunda, ¿cómo es? ¿qué aspecto tiene? Imaginar opuestos es un truco que ayuda: si es pequeño o grande, si es viejo o joven, si es peludo o calvo como un huevo.

Es muy importante que conozcamos su forma de ser, esa parte interna que no se ve. Tenemos que saber si es tímido o atrevido, si es despistado, divertido, un manojo de nervios… , por eso la  tercera pregunta sería ¿qué personalidad tiene?

Como un puzle en el que todas las piezas deberían de encajar, cada detalle que elegimos irá modelando y dando pistas sobre el personaje. Paso a paso, vamos marcando las reglas de un juego con asociaciones y equilibrios. El color y la técnica que usemos pueden hacerle cambiar. El trazo grueso de un lápiz muy blando y oscuro puede ir muy bien con un personaje seguro y fuerte, y una línea más fina y temblorosa para otro más tímido. Lápices de colores, grafitos, rotuladores, tinta, ceras, gouache, acuarelas… Prueba a representar un mismo personaje con los materiales que te apetezcan, mézclalos si quieres alternando técnicas secas y húmedas. Quizás primero con lápiz y luego con pincel y tinta, ¿a que cambia un montón? Pasar el pincel con más o menos agua o prácticamente seco consigue resultados muy distintos, al igual que apretar más o menos un lápiz. En lugar de contar ovejitas, me dedico a contar personajes, ¡ni imaginas la ristra que puedo llegar a hacer de cada uno!

¿Encuentras alguna diferencia entre estos personajes y los que aparecen en la revista? ¿echas en falta a alguien?
Tienes el poder de crear mundos y de dar vida a cualquier personaje que surja de tu imaginación, ¿nos lo presentas cuando lo hayas atrapado? Mientras, ¡larga vida al calcio!

 

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